
"En este caso más que nunca, un análisis riguroso de situaciones e instituciones es sin duda el mejor antídoto contra visiones parciales y contra todas las formas de maniqueismo – frecuentemente asociado con las indulgencias fariseas del pensamiento “comunitario” - el cual, a través de las representaciones que engendra y las palabras en las que se expresa, está a menudo repleto de consecuencias mortales."
Así concluía Bourdieu un artículo sobre el que han pasado varios años pero desafortunadamente no su vigencia. Me crucé con él casi por casualidad ayer y entre toda la hagiografía en torno al Atentando de las Torres Gemelas y el Pentágono que se respira por el décimo aniversario me pareció que le tomaba el pulso a demasiados aspectos de lo trascurrido desde aquel día:
La afirmación del conductor del tren
Cuando le preguntaron tras la explosión en el segundo vagón del tren exprés del metro que estaba conduciendo el martes 17 de octubre, el conductor, el cual según testigos había liderado la evacuación de los pasajeros con una calma ejemplar, dio un aviso en contra de la tentación de tomar venganza contra la comunidad argelina. Ellos son, dijo simplemente, “gente como nosotros”.
Esta extraordinaria afirmación, una “sana verdad de la gente”, como habría dicho Pascal, suponía un ruptura repentina con los exabruptos de todos los demagogos ordinarios que, inconscientemente o calculadamente, se alinean con la xenofobia o el racismo que atribuyen a la gente, mientras ayudan a producirlos; o que usan las supuestas expectaciones de esos a los que a veces llaman “gente sencilla” como excusa para ofrecerles a ellos, en un “a ellos les basta con eso”, los pensamientos simplistas que les atribuyen; o que reclaman a las sanciones del mercado (y de los anunciantes), encarnados en datos de nivel de audiencia o encuestas de opinión que identifican cínicamente con el veredicto democrático de la mayoría, para así imponer su propio servilismo vulgar y abyecto sobre todos.
Esta afirmación excepcional proveyó la prueba de que es posible resistir la violencia que se ejerce diariamente, con una consciencia clara, en la televisión, en la radio, y en los periódicos, a través de reflejos verbales, imágenes estereotipadas, y palabras convencionales, y el efecto de hacerse habituales que provocan, aumentando imperceptiblemente, a través de toda la población, el umbral de la tolerancia de insultos y arrogancia racistas, reduciendo las defensas críticas frente al pensamiento prelógido y la confusión verbal (entre islam e islamismo, entre musulmán e islamista o entre islamista y terrorista, por ejemplo), reforzando insidiosamente todos los hábitos del pensamiento y el comportamiento heredados de más de un siglo de colonialismo y de disputas coloniales. Sólo un análisis detallado de la grabación de unos de los 1.850.000 “controles de identidad” llevados recientemente a cabo por la policía para la gran satisfacción de nuestro ministro del interior darían alguna idea de la multitud de humillaciones sutiles (el uso condescendiente hablando de tú, cacheos en público, etc.) o las flagrantes injusticias e ilegalidades (asalto, entrada forzada, violación de la privacidad) infligida en una proporción significativa de los ciudadanos o invitados de este país, una vez reputado por su apertura a los extranjeros; y también daría una una idea de la indignación, revuelta o furia que ese comportamiento puede despertar. Los pronunciamientos del ministerio, diseñados visiblemente para asegurar, o para asegurar el deseo de “ley y orden”, se convertirían inmediatamente en algo mucho menos asegurador.
Esa sencilla afirmación contenía un llamamiento a través de un ejemplo para combatir con resolución a todos aquellos que, en su deseo para saltar siempre hacia la respuesta más sencilla, caricaturan una ambigua realidad histórica para así reducirla a las dicotomías que reafirman un pensamiento maniqueo el cual la televisión, siempre inclinada a confundir pensamiento lógico con la lucha libre, ha erigido como modelo. Es infinitamente más fácil tomar una posición a favor o en contra de una idea, un valor, una persona, una institución, o una situación que analizarla por lo que es en realidad, en toda su complejidad. La gente se apresura a tomar un bando en lo que los periodistas llaman un “problema de sociedad” - la cuestión del velo musulmán, por ejemplo - en cuanto son más incapaces de analizar y comprender su significado, lo cual es a menudo bastante contrario a la intuición etnocentrista.
Las realidades históricas son siempre enigmáticas y, aunque parecen evidentes, son difíciles de descifrar; y no hay quizás ninguna que lo haga en un grado más algo que la realidad argelina. Por eso es por lo que representa un desafío extraordinario, tanto para el conocimiento como para la acción. Este test de la verdad de todos los análisis es también y sobre todas las cosas una piedra de toque para todos los compromisos.
En este caso más que nunca, un análisis riguroso de situaciones e instituciones es sin duda el mejor antídoto contra visiones parciales y contra todas las formas de maniqueismo – frecuentemente asociado con las indulgencias fariseas del pensamiento “comunitario” - el cual, a través de las representaciones que engendra y las palabras en las que se expresa, está a menudo repleto de consecuencias mortales.
París, Noviembre 1995
(Texto publicado originalmente en “Alternatives Algériennes” November 1995.)
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Claro, el artículo no sólo es que tenga sus años, si no que obviamente hace referencia a otros eventos precedentes, que como diría Sacco llevan el camino de convertirse en una nota a pie de página en la historia, si es que no lo son ya. Sin embargo, o precisamente por esto, la relevancia de un pensamiento, de una manera de comunicarse y hacer sociedad que Bourdieu ya criticaba con lucidez en ese momento y su desesperada validez hoy son incómodamente relevantes.
El texto hace referencia a los atentados que el grupo GIA llevó a cabo en 1995 (detalles en inglés aquí, nota sobre la polémica al comienzo del juicio en español aquí)
El artículo de Bourdieu está rápidamente (y malamente) traducido por mí de una versión en inglés. Disculpas por el refrito lingüístico aunque espero que sea lo suficientemente legible.
















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