
Hay intervenciones artísticas en el espacio público tan predecibles, ruidosas, y vanas que no hacen más que recordamos lo delicado y vapuleado del espacio urbano común, espacio que se debate para ser un proyecto necesariamente abierto y comprometido. Las recientes, y opuestas, intervenciones en la New York Avenue de Washington DC actualizan la viñeta de la disputa en torno a la imagen de la ciudad y el derecho a la misma.

Hace unos meses el National Museum of Women in the Arts (NMWA) anunciaba por todo lo alto un "atrevido programa" de escultura pública en la mediana de la avenida frente a su entrada principal. El programa comienza con una selección de vigiladas esculturas de Niki de Saint Phalle que generarán un "portal cultural que dinámicamente mejorará el perfil del arte público en la ciudad." PDF

La celebrada intervención no está libre de carga y dista mucho de siquiera representar una mera decoración urbana. El espacio que ahora se celebra desde las instituciones es parte de una zona "redesarrollada" que en la última decada ha visto la consolidación de un barrio laboral de alto nivel, controlado por la gestión y presión de una fuerte asociación para representar a comerciantes que junto a organismos políticos han dictaminado la dirección de este espacio público para que sea idóneo al desarrollo financiero tal y como ellos lo conciben.

Aunque aún es un bloque relativamente limítrofe a otras influencias marginales ya hace muchos años que por ejemplo la prostitución callejera se elimino de la zona inmediata. Ahora hay que andar sólo unas cuantas calles para encontrar a las mujeres y transexuales herederas de las que trabajaron antes frente al museo y que por ahora nadie decide recordar. La asociación empresarial luce grupos de limpieza privada que reciben horas de obligado trabajo comunitario por leves infractores de la ley que se encargan de mantener una apariencia homogénea y estática. También se encargan de reconducir el alojamiento de la gente sin techo, sobre todo en aquellas zonas más transitadas donde su apariencia pueda ser más molesta. Esta mediana de New York Avenue era también parte del hogar de algunos sin techo del centro de la ciudad. La aparición de estas esculturas de élite implica también la reformalización de un nuevo espacio vigilado, un "no tocar", una nueva infracción en el menú del espacio público.

Estamos ante la conveniente glorificación de una intervención que de local no tiene siquiera la intención. No hay más proyecto participativo, colaboración, proceso o mensaje que el unívoco de estos canales del poder a través un museo oficialmente dedicado a reivindicar el papel de la mujer en el arte. La actividad y el género de la fallecida Niki de SAint Phalle son suficiente crédito para convertir su obra en la primera visitante de esta muestra escultórica. La continuidad y dinamismo del proyecto radica en la previsión de que otras exposiciones femeninas irán rotando en esta ocupación institucional del espacio público.

Casi a la vez que se inauguraba oficialmente la muestra escultórica y en el mismo bloque de la New York Avenue aparecía otra triste bicicleta fantasma para conmemorar la muerte de Constance Holden arrollada por un camión militar que transportaba dignatarios internacionales que acudían a la cumbre nuclear celebrada en la ciudad. La intervención de esta bicicleta ofrece narrativas críticas que en esta ocasión no sólo hablan de la precariedad del ciclista urbano sino que abre un abanico de perspectivas que revelan los procesos de poder a los que está sujeta la ciudad.
Si el espacio de otra vecina y disputada bicicleta recordando a Alice Swanson sujeta a constante eliminación, reivindicación , y reclamo como monumento popular sirve de indicación la bicicleta en honor a Constance tiene un tenso futuro por delante. Mientras tanto la historia de este pedazo de avenida quizás sea parte de la dinámica puntual de un proyecto del olvido aunque el esfuerzo grita para que Niki de Saint Falle no sea la única mujer recordada en la avenida.
















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