Breve charla y buena introducción a la Ana Botella Crew en el programa Extraradi de COMRàdio dirigido por Olga Vallejo y con la participación de Luis Menor.
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Breve charla y buena introducción a la Ana Botella Crew en el programa Extraradi de COMRàdio dirigido por Olga Vallejo y con la participación de Luis Menor.
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Comentarios
Fuego con fuego...
A mi me pintaron la pared de mi casa. Fueron unos niños que pillaron el spray que les sobró de sus padres, eso son gamberros y no tiene nada que ver con el grafitti. Les pilló la policía y NO les puso multa y casi acabamos a ostias los padres de los niños y los vecinos de mi portal. Acabé repintando yo.
El problema es la incultura no el grafitti.
El problema es la incultura no el …
El problema es la incultura no el …
…
No me parece bien la firma de Ana Botella, es una luchar el fuego con fuego… lo que hay que evitar es la incultura y la ignorancia.
Combate asimétrico
A mí personalmente no me parece equiparable. Es cierto que es una réplica utilizando la misma herramienta que ataca el personaje con un reflejo distorsionado de ella misma, pero el discurso político, su uso demagógico y el mayor acceso y control de medios para dar su mensaje no es para nada comparable. En ese sentido creo que lo de la Ana Botella Crew tiene un valor importante y que precisamente para ir mostrando esas hipocresías y abrir el debate a una cultura más diversa la idea es muy importante y válida.
Saludos,
Daniel
Grito de rabio, grito de libertad
Para nada de acuerdo con Skate. No tiene, absolutamente, nada que ver una cosa con otra....
En el Mayo francés ardieron calles, coches y las pintadas estuvieron a flor de piel.
Lo que pasa, es que aquí, en este mundo, se oprime y mucho y sin embargo si alguien hace algo, es un gamberro, un inculto.
El graffiti es un grito de libertad, un grito de guerra. Universal.
No hay manera de detenerlo. Es irreverencia.
No se escucha a los jóvenes....
Recomiendo la película BOMB IT!
La transición eterna
Muy de acuerdo... No he visto aún Bomb It! Queda apuntada y por mi parte recomiendo con mucho énfasis el documental Infamy.
Pero volviendo al tema desde el contexto español, aunque tiene un transfondo universal, pareciera que estamos dentro de una transición eterna de la que no podemos salir. Me suele recordar un comentario y nota muy acertada en relación a la revista Ajoblanco. Pego el fragmento que tengo a mano:
T.P. «nos encantan las ciudades pintarrajeadas», Ajoblanco, 18,
enero 1977, 12
Nada. Coge un spray y escribes en la tapia de enfrente. Te
largan un porrazo o un tiro. De todo ha pasado en el país,
desgraciadamente. El problema político es la base. Pero olvidémoslo.
Simplemente, lo que nos falta a los peninsulares es mudarnos de
estética. Estamos tan acostumbrados a las limpias, bellas, perfectas...
paredes de los edificios fascistas, las casas burguesas, las encaladas
paredes proletarias, que nos duele verlas pintarrajeadas con eslogans y
llenas de papeles anunciando de todo. De todo lo no comercial.
La ciudad, en el espacio 39/76, ha sido un cementerio. Las
cosas nos las comunicábamos de tumba a tumba. Estábamos todos enterados
de que aquí nada marchaba. Pero la represión nos acostumbró al campo
santo. Y esto se acabó. Si de verdad queremos democracia, hemos de
variar incluso el concepto de pared/ciudad. Las paredes, en ella, no son
de tal o cual señor. Son del ciudadano. De todo aquel que tiene algo
que decir. Si tiene prisa –urgencia-, lo dice con el spray. De lo
contrario, con cartel. Y aquí, exigimos carteles anchos. Como los toros.
¿Qué es esta tontería de pasquín tipo folio? La clandestinidad se
terminó. ¿Estamos o no en la democracia? Los centros ciudadanos, pues,
han de variar. No son paredes de casas. Son pizarras para saber cómo
anda el país. Termómetros. Y no se asusten. En Italia –que les gusta el
papeleo público tanto como los spaggetti- nadie ha muerto ahogado por
los papeles callejeros, ni se ha derrumbado ningún edificio por el spray
reivindicador. Dicen que la comunicación es vida. El papel y la
pintada, pues, han de dar vida a las grises ciudades hispánicas.
Ya nos han quitado árboles. Pongamos, como mínimo,
comunicación. Quizás algún día los centros ciudadanos vuelvan a ser un
hervidero selvático de propuestas, réplica a la frialdad de una
arquitectura nefasta y herederos de aquellos mercados tumultuosos donde
la gente, como mínimo, podía comunicarse lo que le petaba.
Local-Global
Por lo que he leído sobre la Ana Botella Crew y lo que se dice en la entrevista posteada en este blog, la idea es más bien un proyecto artístico, que partió de una idea local, con tintes universales, no?
A mí me parece una idea cojonuda, ovariuda, excelente. Y no es algo madrileño, porque al graffiti se lo persigue everywhere....
90 euros por pasar un semáforo rojo, de 300 a 3000 por pintar una pared, según el periódico 20 minutos....raro, no?
Sobre incultura y fogatas
Un inculto total, allá por 1970, llamado Normal Mailer, escribió el texto de La Fe del Grafiti, que acaba de publicar 451 en España. El texto acompaña las fotos de otro inculto, llamado Jon Naar, que por aquel entonces, se metió en los guettos de NY, y realizó fotos a tags de niñatos.
Otro inculto, un inmigrante húngaro en París, Brassaï, también estuvo obsesionado y perdiendo su tiempo y vida, en retratar escritos sobre la pared en Francia.
Incultos, gente que no sabe nada, sin talento, gamberros.
Todos los fuegos, el fuego
Faith of Graffiti
Curiosamente me estoy leyendo el Faith of Graffiti este fin de semana. Había leído parte del ensayo de Mailer hace tiempo pero no había tenido oportunidad de mirar el volumen entero como tal. Aunque creo que el texto de Mailer, que aún no he terminado, se merece bastantes críticas, es cierto que es interesantisimo y esencial como reivindicación y mirada atenta, casi desde dentro (digo casi pues parece que el que arrancó todo y dedicó un par de semanas serias al proyecto fotográfico fue Naar). En cualquier caso su valor como documento histórico, como muestra cultural, es innegable. Quizás su principal virtud, y a veces en el modo en el que lo hace defecto, sea esa reivindicación del graffiti como alto arte. Es algo que en cierto sentido creo que no le hace falta y está desencaminado pues ese alto arte en sí está sujeto a unas dinámicas de clase y poder que lo legitiman como tal. Sin embargo como apuntas estas muestras tienen unas dinámicas propias, muy significativas en sí, por ejemplo frente a las muestras de arte renacentista con las que Mailer arranca comparando el ensayo de un modo demasiado adornado y simplista. Pero bueno, esa es otra conversación...
Y como bien añades junto a los también muy interesantes documentos de Brassaï, son muchos los que de un modo u otro han ido mostrando que estas manifestaciones callejeras son de muchas maneras manifestaciones recurrentes de la cultura de un espacio en disputa donde estos canales no legalizados son esenciales.
Gracias y un gran saludo,
Daniel
Salís en loh papeleh!
...en página 6...
http://estaticos.20minutos.es/edicionimpresa/madrid/10/02/MADR_18_02_10.pdf
Buen recorte!
Gracias, buen recorte :-)
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