Un techo para que otros no lo tengan... Cada vez que paso por Móstoles (Madrid) no puedo evitar volver a pensarlo al mirar desde la terraza a la plaza vecinal que hay frente a nuestro viejo apartamento. El aparcamiento subterráneo se esconde bajo las descuidadas zonas infantiles y parques. Una construcción en el centro da acceso al mismo pero antes no tenía ese techo inclinado: era un techo plano que los primeros mendigos de la nueva España, los primeros auténticos sin techo que vio esta zona del cinturón sur de Madrid, utilizaron brevemente para colocar sus enseres y pasar la noche. La solución parece que fue construir un nuevo techo en pendiente para que otros se lo fueran a buscar a otra parte, para que siguieran sin uno.


En parte es una apreciación simplista, pues la historia de la transformación urbana de Madrid, como excusa para hablar de muchas cosas a través de lo experimentado en España en los últimos diez o quince años, es bastante compleja. Pero dentro de esa complejidad, el retrato urbano de esa intervención física en el espacio público no deja de recordarme una y otra vez lo fáciles y holgazanes que se antojan ciertos fenómenos de exclusión social frente a la complejidad de buscar alternativas que requieren un esfuerzo mucho más dedicado y difícil que el de generar todo tipo de barreras.


Cierto, en Móstoles siempre hubo gente pidiendo, pero eran otros perfiles. Eran por ejemplo grupos desde la marginación obrera de los barrios dormitorio, adictos y afines al entorno de la heroína pululando principalmente la zona del metro y mayoritariamente asaltando a chavales y ancianos. Pero ¿mendigos?... ¿Mendigos de verdad? No, este es otro fenómeno. Y que se quiera entender es algo diferente, es otro Móstoles y otro Madrid. El modelo de crecimiento exacerbado, la prosperidad desigual convierte a Móstoles en una genuina gran ciudad y un destino para el pobre en cualquiera de sus interpretaciones.


Los techos en pendiente a duras penas quitarán un rato de en medio a aquellos que necesitan pasar la noche al raso encima del techo de la entrada de un garage. Ha sido un cambio tan cotidiano que muchos no se dan cuenta del cambio de paradigma, no sólo a nivel nacional pero ya a nivel local. En buena media estamos ante el resultado de la falacia de una legitimización de la apropiación de la prosperidad que conlleva estas prácticas de exclusión social.


Al poco tiempo pasando por otra zona de la ciudad también quedé fascinado ante la okupación de una zona de juegos infantil por los nuevos sin techo. Los tubos para que los niños se arrastraran se habían convertido en vivienda, en espacio privado de primera necesidad. Imagino algunas reacciones, pero también me gustaría averiguar cuantos se dan cuenta de que el mensaje que llevan estas disputas del espacio público es otro.

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Comentarios

!!!

¡Muy buen post! Tiene tela para cortar, pero así a lo pronto, me apetece hacer un "atlas" de estas pequeñas operaciones. Por aquí, por el poniente almeriense, hay cientos de ellas.

Un saludo!

Cubiertas

Hola Daniel, y gracias por tu comentario de hace unas horas en mi sitio ;) Esto que enseñas aquí es muy interesante: ¡una cubierta autoconstruida encima de una cubierta! Para que luego digan que las cubiertas no son habitables. Abrazos, y espero que ya esté bien la criatura. AM.

Otra foto más...

Imagen de David

... a añadir a esta (triste) serie:

http://www.flickr.com/photos/7211263@N02/sets/72157602377494963/

"The anti-SDF urban outgrowths multiply in Paris (or elsewhere), and push back the poorest towards zones even more inhospitable. This ordered violence, indifferent to the sufferings of others is a quiet and paradoxical response to the ultimate precariousness, by improving only the quality of life of Parisian disturbed by misery of France. Actually, these initiatives (collective, private, public), take part only in the degradation of the human relations, and the triumph of individualism."

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