La gestión y promoción de la imagen del ya máximo mandatario estadounidense fue lo más significativo de la campaña electoral. Esa fenomenología ha sido continuada, reforzada, y ensalzada con renovada imaginería patriótica, nacionalista, que eleva a los altares a la figura ejecutiva del Presidente Obama. Enumerar, aunque fuera sólo una parte del entorno de sandeces que aún siguen saturando el aire se antoja extenso. Pero si bien pareciera que caminamos sin retorno hay varios aspectos útiles para indagar en el empacho con un gobierno que apenas ha comenzado.

Obama es ahora negro del mismo modo que Margaret Thatcher era mujer. Teniendo esto menos que ver con la cultura del candidato que con el uso interesado que se le está dando a la raza en estas circunstancias. Es cierto que soy de los que opinan que la raza es una construcción cultural y me resulta muy difícil sentirme cómodo en jardines que etiquetan personas desde perspectivas de purezas y bastardeces que me resulta imposible compartir. Mi frustración con el fenómeno Obama es otra, y se mezcla con la fascinación por ese control mediático del candidato como producto y la continuidad de esa estrategia como presidente electo, y ahora ya investido.

Por una parte, no se suele recordar que la plataforma electoral de este conservador moderado se alejó de la reivindicación racial con rotundidad durante la campaña, huyó explicitamente de cuestiones profundas de equidad social, de la percepción de raza como piedra de toque en la justicia medioambiental, de las reivindicaciones de clase, del continuo y vigente trasfondo de la historia del país. Sin embargo es el mismo conglomerado que negó estos aspectos, y el mismo apoyo mediático, los que una vez ganadas las elecciones elevando la raza del candidato, la convierten en motivo de un nacionalismo presumido, en glorificación del presidente que desde su condición excepcional se aísla de la crítica, tanto la que apunta a su falta de compromiso racial como la que busca señalar a otras áreas de su política. Habría sido realmente significativo que un candidato negro hubiera sido elegido, uno que levantara su programa desde un reconocimiento de las minorías y de las clases más humildes, pero no fue así. El alardéo ahora de su condición racial es otro producto de cierta mercadotecnia patriótica, y del rancio americanismo, sobre el que se sustentan estos fenómenos.


Elevar la figura de un mandatario que apenas ha comenzado a la de gran icono mundial se escabuye de la responsabilidad ciudadana, y de la deontología informativa para evaluar, contrastar y criticar la figura de los pocos que se erigen como representantes de los muchos. Esos aplausos acompañados del homenaje popular, que quizás y sólo quizás sean legítimos al terminar un mandato o al lograr algo genuinamente extraordinario, ocultan la comodidad y confort que resultan de evadir nuestras propias responsabilidades.

Del mismo modo que como presidente Obama trasciende la raza, el presidente deja de ser humano. Su investidura, ceremoniales, y elevación convertido en dogma no son gratuitos. Son la consagración lógica del puesto que la mitología estadounidense asigna a un ser que por el hecho de acceder a la presidencia se convierte en una especie de semidios investido por la doctrina del excepcionalismo americano, aquella que otorga pleitesía a la oficina oval y desdén a sus críticos. Y no es tanto que este fenómeno no ocurriera con su predecesor en el cargo. Lo que ocurría para muchos es que veían en Bush una mancillación de la Casa Blanca que había que solventar. El nuevo presidente toma ese papel, esa iconografía y devuelve el halo místico al lugar más alto del olimpo de la nación.

Y si bien la actitud blindada ante el mandato constitucional para separar religión y estado no ha sido sorprendente, pues la tradición religiosa está profundamente arraigada en el imaginario del gobierno de la nación y esa cláusula se usa como formalismo y excusa ante las acusaciones de intolerancia, la rápida justificación de los expertos ante tanto despliegue de fe ha sido tan dócil como insultante, apresurándose a decir que la noción de "dios" utilizada en este contexto no es el dios que se usaría en Europa, sino que hace referencia a un dios más genérico, más incluyente, un dios, casi digamos democrático. Pero la realidad es bien diferente, pues los paralelismos con la coronación de un líder religioso son obligados. No sólo la investidura está llena de oraciones, rezos y múltiples llamadas a autoridades superiores, sino que un presidente que no se comportase así difícilmente sería considerado, no ya elegido, en este país, al punto que lo que realmente es noticia es donde decidirán los obamas atender misa en su nueva ciudad y no como este acto personal se ha convertido en requisito público.


De hecho, desde ese mecanismo que deshabilita la responsabilidad cívica, el nuevo presidente está siendo no sólo celebrado sino perdonado por fallar con lo que aún no ha intentado. Un producto hueco ha de ser justificado por ser, no por hacer, y como tal son muchas las voces populares que justifican por adelantado un mandato donde el candidato no podrá hacer lo que quisiera, lo que prometió, pero nos cuentan que sólo es un hombre contra la máquina, contra la bestia que es el sistema. Olvidamos que él es bestia y sistema, y en ello se le está levantado el camino a una reelección tras un mandato que aún no existe. Si no ocurre un evento espectacular, mediático, que cambié el curso de su presidencia, que compita con su marca, está enfilado a ser reelegido desde una mediocridad celebrada como transgesora.

Junto a la exaltación teocrática de la presidencia, el énfasis el militarismo como constructor de nación juega un cercano papel y la presidencia de Obama ni parte ni apunta a un camino diferente al frente del país. De los muchos ejemplos disponibles durante las festividades
para hacer patria, mi favorito está en el día anterior a la investidura, el día libre para el gobierno dedicado a la memoria de Martin Luther King, para el cual Obama solicitó de sus fieles un esfuerzo extra, un esfuerzo voluntario para ayudar a su comunidad. Dicho esfuerzo se tradujo en reuniones populares, marcadas icónicamente por la que se gestó en el estadio RFK, donde la actividad destacada consistía en preparar cajas con viandas y muestras de apoyo para las tropas estadounidenses destinadas al extranjero.

Episodio aparte merecen las manifestaciones artísticas que alejándose de cualquier proceso crítico han alimentando la hagiografía del presidente. No sólo con la icónica rendición de figuras del arte callejero como Shepard Fairey que defendiendo su postura alcanzó a decir que "es fácil ser crítico y odiar algo, lo difícil es apoyar a algo y jugarte el cuello defendiéndolo," sino desde un amplio espectro acentuado por uno de los grupos que se autoproclaman más representativos de la gestión artística comunitaria en Washington DC co-organizando una gala y exposición durante la investidura dedicada a reunir artistas celebrando exclusivamente la figura del nuevo presidente, pareciendo así que efectivamente lo contrario - mantener una postura crítica - es lo difícil.


Cuando la identidad se confitura esencialmente como imagen, cuando la ">percepción es producto, desglosar los detalles, mostrar como funcionan y se rompen los artículos que consumimos pareciera no importar. La minucias de la inauguración quedan en eso: minucias. Basta que la mayoría de los medios de masas internacionales la hayan ensalzado como un ejemplo de eficiencia, de modélico cambio de poder, no ya para olvidar su aspectos más nacionalistas, patrióticos, excluyentes sino para bostezar profundamente ante cualquier evaluación que apunta a su costo (la inauguración que más ha derrochado), la notoria incompetencia de la multitud de fuerzas policiales o de la organización del evento, o por ejemplo la extraordinaria declaración Federal de emergencia y desastre, como triquiñuela para desviar fondos dedicados a las festividades y que los mandatarios locales olvidarán la incómoda pregunta sobre la falta de representación democrática en la capital de Estados Unidos.

Frente a tanta pleitesía se antoja más importante si cabe la necesidad de mantener una perspectiva crítica con aquellos discursos que suben tanto el volumen que no acaban siendo más que su propio ruido. Ruido que nos impide apenas arañar, por nombrar sólo un puñado de ejemplos, la incompleta fiesta en torno a nueva política para Guantánamo, las continuas incursiones letales en Pakistán sobre las que su administración se ha negado ya a dar más explicaciones, o su complicidad y conformismo con las tramposas medidas para aliviar la crisis financiera de las que su gobierno es juez y parte.

Temas: 

Comentarios

Análisis bastante completo

Bueno, ahora sólo lo leí, si lo tuviera que comentar me llevaría largo rato, tal vez en otro momento aún le voy a sacar más jugo. Artículo extenso e interesante. Te cuento que hoy llegaron las primeras críticas en televisión aquí de aquellos que lo adoraron como mesías hace pocos días. Primero por rodearse de asesores que no le habían puesto en sobreaviso de las irregularidades de 4 personas (3 dimitidas ¿no es así?) que él ha nombrado para el gobierno y que no pagaron sus impuestos en algún momento (cosa que no "está bien vista" por el votante norteamericano, lo de los impuestos, por aquello de la doble moral). Luego por estar hablando en términos que se entienden como proteccionismo a la hora de llevar a cabo estrategias para afrontar "la crisis". Por lo visto ya eso no les gustó a algunos de los presidentes europeos y doña Angela va a hablar con él para intentar hacerle entender que "eso no es lo que se habló", que había que dejar de lado las políticas proteccionistas. De momento, eso. Pero ya veremos.

Saludos

Por cierto...

Pues eso, por cierto, el otro día un ministro del gobierno español, que no recuerdo quién es, andaba diciendo que sin tener que aumentar el consumo (por no pasar como propagandista del consumismo como hace Sir Montilla en Cataluña en algún momento) se podía ayudar a mejorar la economía si toda la gente intentaba consumir productos españoles cuando tuviera que comprar algo. Y cierto que el tipo ni era negro ni norteamericano. Claro que también le cayó algún crítica por "proteccionista". No recuerdo bien, pero creo que luego salió rectificando o "disimulando".

Como ilustración de la

Como ilustración de la saturación mediática de la figura de Barack Obama sirva este pequeño ejemplo de ámbito doméstico. Mi hijo, Alejandro, que va camino de cumplir tres años, tiene una manera muy curiosa de pedir que encienda la radio del coche (por cierto, para los que no nos conocen, os informo que vivimos en Dallas, Texas): señala con el dedo en dirección al lugar donde está instalada la radio y dice "quiero Barack Obama". La primera vez que mi hijo profirió este enunciado no contaba en su vocabulario todavía con el término "radio" y por medio de esta estrategia comunicativa se hizo entender. Lo más interesante dentro del contexto de la discusión de Daniel es que en la mente de Alejandro se identifica la radio (un medio de comunicación) con Barack Obama. Quizás haya sido culpa mía por no haber puesto más música en lugar de programas informativos cuando vamos de camino a la escuela infantil.

Sin medida

Estupendo escrito, Daniel. Estoy contigo en que es absolutamente exagerado la adulación hacia esta persona, que todavía no ha hecho nada. Un amigo mio, que vive en USA, antes de las elecciones, ante mi pregunta de a quien prefería, si a Obama o a Clinton, me dijo que lo que no le gustaba de Obama era su compañía. Parece que se ha cumplido.
Por otro lado, lo que comentas de la atención sobre donde irán los Obama a misa, una pregunta ¿de dónde viene ese interés? Porque supongo que una mayoría de votantes de Obama no irán a misa jamás. ¿Por qué a los medios les interesa? ¿Es parte de esa liturgia presidencial?
Y por cierto, Sebastián -uno de los ministros de atrezo-, la última que ha soltado es que está perdiendo la paciencia con los bancos. Rápidamente, el gobierno rectificó con que tenían paciencia infinita.

...lo importante es quién maneja los hilos detrás del escenario

Imagen de David

...y parece que el fondo de la tramoya no se acaba en el vicepresidente Joe Biden... si no que va mucho más allá, alcanzando profundiades que dan miedo... no se si estará equivocado, pero todo lo que se expone aqui tiene una lógica milimétrica que explica acontecimientos de relevancia internacional que los noticieros solo tratan como eventos inconexos y de causas poco claras. Además dá la clave para la salidad de la crisis económica actual, que será como la de la crisis del 29: Otra guerra mundial:
http://www.youtube.com/watch?v=H02w1bp4TcU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=gs68T-tO4QQ&NR=1
El que habla en el vídeo es el historiador canadiense Webster Tarpley, que tiene vetada la entrada a los EUA y que ya dió interpretaciones alternativas de acontecimientos como el 9-11 o el asesinato de Aldo Moro.

Realpolitik+Cleptocracia

Imagen de David

Si, a mi tampoco me dio una buena primera impresión al principio, creía que iba a ver al típico conspiranoico que es anti-obama como lo sería cualquier republicano, o redneck racista, pero luego ves cómo va hilando fino, explicando lo de Nigeria-Darfur, Pakistan-Afganistan (y su relación con China: esto ya me lo habían dicho por otros canales) y te das cuenta de que no han gobernado ni Bush ni Obama, sino la misma geoestrategia de Kissinger y Brzezinski de toda la vida, que al fin y al cabo son los que ganaron la guerra fría... y que Obama no va a hacer otra cosa que seguir con su realpolitik....
Y a nivel económico, aqui hay otra entrevista muy interesante que demuestra por qué realmente nada va a cambiar tampoco con Obama (A partir del minuto 5:34, aunque toda ella es muy interesante)...
http://www.youtube.com/watch?v=3pwAFohWBL4

Añadir nuevo comentario