
Buscar el fin del Guantánamo carcelario se ejerce desde equipo de Obama en parte como símbolo del cambio de caras en el gobierno, del mismo modo que su presencia y mantenimiento eran emblema y desafío del ejecutivo anterior. Pero a pesar de lo importante que va a ser buscar juicios justos para los allí detenidos y oficialmente terminar con su uso como prisión, contiene mucho de gesto mediático, de poca sustancia, en la linea celebratoria, conservadora y superficial que está ejercitando Barack Obama. Y no es sólo porque sea un compromiso adquirido, algo que prometió durante la campaña, y que tiene poco costo político, y mucho de control de promoción de imagen, imagen propia e imagen exterior, sino porque maquilla y oculta el aparato de detenciones estadounidenses: un amplio sistema de represión y explotación intrínseco al modelo que Estados Unidos ha estructurado para no sólo su noción de defensa nacional, sino para la política de control inmigrante, la gestión penitenciaria, y la reinserción social.

Son muchos los guantánamos internacionales que apadrina Estados Unidos y olvida por el camino. Por ejemplo está orden presidencial deja fuera de esta solicitud de cierre los centros de detención en Iraq o Afganistán pero igualmente grave es la situación dentro de sus fronteras. Entre los guantánamos domésticos están todos aquellos centros de detención que aíslan, y deportan u olvidan indeterminadamente a inmigrantes con una mínima o nula atención a sus derechos humanos. Se estima que unas 300,000 personas pasan por estos centros anónimos de detención, tratándose tanto de inmigrantes legales como ilegales, y muchos de ellos sin acusación alguna, sin habeas corpus. Así por ejemplo l promotora de derechos humanos break through preparó el espacio digital Homeland Guantánamo para denunciar, concienciar, y sobre todo reclamar a la nueva administración una acción directa, transparente y comprometida sobre estos centros. En la misma línea es ilustrativa la muy recomendable película "The Visitor" que personaliza el impacto e impunidad de estos centros, quizás incluso a veces desde una perspectiva demasiado amable a pesar de algunos críticos veían en la producción un asalto desproporcionado a las instituciones que levantan el país.
Pero no son sólo los fantasmagóricos centros de detención de inmigrantes los que forman ese Guantánamo doméstico. Estos lugares se han levantado sobre la privatización de la represión, sobre la idea de que la encarcelación es una oportunidad para generar riqueza, la riqueza de los que administran un sistema penitenciario como un negocio, sobre la idea de que su propósito es el castigo y no la reinserción social. Estados Unidos es notorio por ser el país con la mayor población adulta entre rejas, población penitenciaria que además está formada predominantemente por minorías y en particular por afroamericanos. Siendo este un segmento de la ciudadanía que se enfrenta a los mayores problemas de paro, reinserción social, y reincidencia criminal del país. Enfrentarse al modelo penitenciario estadounidense ciertamente constituiría una revolución racial, un cambio real.
Desafortunadamente, y ojalá me equivoque, estas son las reformas difíciles, los genuinos retos, para los que un político como Obama no está, y no estará, dispuesto a trabajar. Pues sus acciones predeciblemente responden al rédito político que tal iniciativa les reportaría no a como contribuirían a una genuina transformación social. Destapar ese conformismo, y desde un pensamiento crítico, buscar contribuir a cambios sustanciales, se antoja esencial frente a la celebración eufórica de su mandato. Pero esa, efectivamente, es otra historia.
















Añadir nuevo comentario