La avalancha de muestras públicas por la candidatura de Barack Obama a la presidencia estadounidense, no sólo indican un entusiasmo que hacía tiempo no se notaba en las elecciones generales, unido al fin del mandato de George Bush, sino también más preocupantemente la aparente necesidad de elevar ese entusiasmo a través del empaquetado del candidato, fuera de preocupaciones críticas con su contenido, y un culto al mismo que funciona en parámetros similares al de las figuras religiosas o en particular el de la figura pop en el que se ha convertido. Ese lanzamiento del político como icono popular, como producto de consumo sea probablemente lo más interesante de esta campaña, y la amplitud de esta nueva dimensión se hace definitoria del resultado electoral.


Es una campaña mediática que utiliza el populismo aprendiendo de sus rivales, ensalzando la participación superficial de la juventud, y la ilusión de que se está siendo parte de un cambio indefinido a través de mecanismos aparentemente alternativos, siendo correspondida la relación entre el apoyo desaforado con una extendida falta de análisis crítico y ausencia de deseo de entender políticas y propuestas. Parte de este énfasis se está desarrollando en la calle, en formas de expresión urbana como el graffiti o los posters populares en un espectáculo ejemplar de propaganda.


Por ejemplo, un buen grupo de amigos y conocidos se han dedicado a descargar e imprimir pro obama posters para a ir pegando en plan intervención urbana. Y anuncian en las redes sociales que compartimos que están "pegando posters por el cambio." Pregunté a uno de ellos cual era la importancia de hacer gratuitamente campaña urbana pirata para una candidatura que recibe de media el 95% del voto en Washington DC. Me contestó que alcanzarían a turistas y a los trabajadores que vienen de fuera de la ciudad cada díaa. Le comenté que para mí en tal caso el problema es que están colocando la mayoría de los posters en zonas donde el flujo de turistas es mínimo. Además DC está cercado por los estados de Maryland y Virginia. Maryland tiene una predicción de voto similar a favor de los demócratas, y por primera vez en las últimas elecciones parece que Virginia puede que también se decante hacia Obama con un 55% del voto. Para convencerme de la validez del activismo, de su hipotético impacto, para que dejase de pensar que estamos dentro de una burbuja celebratoria, que estamos antes el club de fans de Obama, tendrían que ir a Virginia a pegar posters donde el margen electoral está más disputado.

El problema es que cualquier área de Virginia no vale. La que forma parte de la zona metropolitana de la capital también vota mayoritariamente demócrata, al punto de que varios políticos republicanos lo han llamado "la falsa Virginia" o incluso "territorio comunista" durante la campaña. Quizás habría que ir más al sur, a Richmond la capital del estado, o a zonas rurales... Pero eso supondría pensar que intervenir en la calle es más que un ejercicio promocional, que realmente puede generar debates y contribuir a cambiar el pensamiento único.


Y aunque ciertamente no lo comparto, si he tenido otros amigos que se me antojan más admirables pues desde un activismo genuino por la campaña de Obama se pusieron a patear zonas disputadas por todo el país como voluntarios buscando registrar al votante para el partido demócrata y hablando de las diferencias entre uno y otro candidato. Y no les resultó precisamente fácil, ni cómodo, pero pensaron que puestos a hacer campaña era lo que tenía validez. Pero eso era cuando quizás había más diferencias entre campañas, cuando quizás había más elementos progresistas tras la fuerte retórica del que hoy será, en el mejor de los casos, un centrista conservador.

Del mismo modo ya he mencionado antes mi desagrado frente a la contribución y activismo oportunista y superficial en torno a la obra del artista urbano Shepard Fairey "Obey" con sus imágenes para la campaña de Obama. Increíble entusiasmo y penetración mediática la de una obra de suprema vaguería intelectual que irónicamente viene del que se suponía icono contestatario en contra de las grandes fuerzas represoras, controladoras, y sobre todo homogeneizadoras de la cultura popular. Ahora sin embargo la ironía se pierde en la contribución al culto a la persona, parte de la mercadotecnia del candidato como objeto de consumo, donde el candidato se hace y se pierde como envoltorio mediático de un producto que pareciera no importar.

Ahora se hace mucho más urgente si cabe, cuando parece que probablemente Obama sea el representante del próximo gobierno, ejercer la responsabilidad de hacer crítica frente al poder, quizás desde el poder para algunos, pero en cualquier caso desde un compromiso crítico sin fe, y sin dogmas. Palmeros sobran, el ruido de sus aplausos oculta las voces que no han sido escuchadas, buscan impedir hablar... El bipartidismo monocorde está siendo caldo de cultivo para silenciar voces y restringir el debate. Me sigue siendo imposible plegarme y dejar de pensar que hace falta menos "change", menos cambio de caras y más transformación, más acción y en definitiva menos esperanza: LESS HOPE


(Sí, este texto también se podría haber titulado: "Mucho Obama, poca diversión"...)

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