El World Trade Center de New York es importante no por "ser" sino por ya "no ser". Importa por ser ausencia, y como tal se representa, al igual que el hueco en Manhattan se ha convertido en solar mediático, en adoración religiosa, en un espacio que en lugar de abrir discursos busca cerrarlos. La moneda devaluada es un estímulo frente a esa sacralización del recuerdo. La reliquia profanada se reintroduce y comparte desde la blasfemia buscando generar una nueva historia crítica común.


"Si la responsabilidad del artista no es representar ni interpretar el mundo, sino cambiarlo. Si cambiarlo significa cambiar también la manera en que las cosas cambian. ¿Una hoja de ruta a ninguna parte? ¿Personal e intransferible? ¿Sin salida?" Planteaba Ricardo Antón con motivo de la mesa redonda "El nuevo rostro del mundo" para reflexionar sobre los cambios políticos y sociales que se han producido a raíz del 11-S y el 11-M.


Un leve gesto artístico, personal y social, es reivindicar el ejercicio de la representación de ciertos eventos sujetos al peso de la interpretación unidireccional de esa historia. El penique de las Torres Gemelas es esa reivindicación donde se hace propia la versión, el recuerdo de un evento. El souvenir recogido en lo alto de las Torres antes de su derrumbe ve desaparecer su imagen del recuerdo que las representaba desde la apropiación de un nuevo ceremonial.


Si la responsabilidad del artista no es representar ni interpretar el mundo, sino cambiarlo. Si cambiarlo significa cambiar también la manera en que las cosas cambian... ¿Será el artista capaz de modificar su entorno cotidiano en maneras que permitan generar procesos comunes para compartir buscando un tránsito alternativo?

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