Usando el arte

¿Donde está el arte?
Hace tiempo ya que cerró Artomatic 2007, el evento autogestionado por artistas en Washington DC que desea parecer la ocasión independiente cultural más importante de la capital del imperio. Desafortunadamente artomatic tras su cierre está confirmando que ni es tan independiente, ni imprescindible, ni relevante. De hecho, Artomatic e iniciativas de un calibre similar apenas rascan el barniz del sistema convirtiéndose por derecho en herramientas de la explotación cultural, el abuso social y la especulación inmobiliaria.
Es cierto que yo participe voluntariamente, con resultados positivos, y cómodo en mi propuesta. En gran media mi reflexión tras el cierre refleja la incomodidad con ese conformismo común que se traducía en un ombliguismo generalizado, los mecanismos que nos permiten comportarnos así a los que nos gusta pensarnos buscando la generación y el empuje cultural. Compartí el proyecto "De espaldas al trabajo" en un entorno no digital por primera vez. Agarré sensaciones, intercambie contactos y opiniones, y sobre todo me auto obligué así a ordenar la propuesta y plantearme – en ello estoy – como darle otra capacidad. De hecho uno de sus aspectos más refrescantes fue la repercusión que tuvo en algunos nodos de las redes que iba estableciendo fuera de Artomatic. Pero este relativo éxito no pudo evitar preguntarse cuales eran algunas de las repercusiones que aunque obvias para muchos eran menos gratas de celebrar al punto de convertirse en una especia de gran tabú que cubría la exposición.
Dogma
George Koch uno de los fundadores del evento suele ofrecer una generalización tan golosa como falsa para enaltecer la importancia de Artomatic. Koch repite que debido a que Washington DC nunca ha tenido una base industrial carece del espacio para que los artistas recuperando estos lugares generen una comunidad e intercambien iniciativas entre ellos. Así este concepto - generar una comunidad artística – sería uno de los cimientos y pilares de Artomatic. "Si voy a New York o a San Francisco se a que barrios ir para encontrar centenares de estudios, charlar con artistas y compartir ideas. Aquí no tenemos eso y para eso surgió Artomatic" suele añadir. Independientemente de la grave falta de perspectiva en el análisis urbano, cultural y económico que muestra, este discurso esconde el segundo aspecto que Artomatic no está aún dispuesto a reconocer.
Tras unos 8 años de existencia Artomatic se ha convertido en una organización jerárquica, que beneficia a una élite interna, establece unas reglas, anima a jugar desde ellas a un grupo de creadores bajo la clase gestora de la organización y a menudo menudea o hace de menos a aquellos que no participan en su estructura. Es un problema común por otra parte que se manifiesta cuando una iniciativa de este tipo se cierra sobre si misma y admite participación sólo desde su dogma que se traduce en elegidos frente a ignorantes, en creyentes frente a herejes.
Se trata de una estructura que frente a lo que pudiera parecer (y muchos quisiéramos desear) probablemente haga exactamente lo contrario de lo que pretende. Muestra una actitud que en su vertiente suave es paternalista exaltando a menudo diferencias entre la idea del profesional y la del aficionado del arte. Y que en la vertiente dura elimina o canaliza unas propuestas deliberadamente sobre obras, mientras ofrece la mitología del artista emergente, reforzando el mito del creador demiurgo que encontrará su canal en esta plataforma por gracia de su genialidad.
Impacto mediático
Así no sólo facilita una muestra desigual, sino que sus últimas ediciones se han convertido en un buen ejemplo de como no crecer desde una idea de la autogestión. Por ejemplo, está el nuevo orgullo encontrado en la mayor presencia en los medios de comunicación de masas en la región. El Washington Post atacaba duramente a la muestra en su edición anterior desde la élite de la crítica artística que suele representar. En cambio en esta última edición de Artomatic el Post estuvo interesado en convertirse en un socio, un patrocinador. Su fina muestra de periodismo fue ofrecer una sección fija cada semana en sus páginas adulando la iniciativa, colocar una máquina de palomitas de maíz en la inauguración y regalar camisetas durante la misma. Proceso similar al ocurrido con las cadenas de televisión locales al realizar reportajes donde aparecían artistas preseleccionados por la organización. Artomatic de pronto era lo más grande que el arte autóctono ofrecía a la región de Washington. Incluso los autobuses anunciaban la muestra por la ciudad: Artomatic ahora era grande.
Lubricante del capital
En realidad esta creciente envergadura de Artomatic es una consecuencia lógica de los procesos en los que la organización de la muestra decidió continuar tras sus orígenes, procesos que muestran el complejo entramado de regeneración urbana, gentrificación, y exclusión que tan poco entendía Koch cuando fantaseaba acerca de la bohemia del arte y la recuperación de una arquitectura industrial para la cultura. En mayor o menor media Artomatic siempre ha sido un lubricante, maquillaje, herramienta de marketing para el sector inmobiliario. Constituido como una opción educada para utilizar un edificio durante una etapa de abandono, sus modales siempre han implicado negociar con el sector inmobiliario, adherirse a sus reglas y promocionar bien la disponibilidad de un espació de oficinas para nuevos inquilinos como se hizo en el 2002 o la pronta remodelación del espacio en residencias exclusivas como fue el caso con el Artomatic del 2004. Y este aspecto sólo se ha acentuado con el tiempo.
Arte abstracto y abstraído
Uno de los comentarios habituales de la organización que fue permeando entre muchos artistas y visitantes era que este era el mejor – el más bello – edificio en el que Artomatic jamás se había realizado y por lo tanto se debía de mostrar un mayor cuidado, una exquisitez en el comportamiento como nunca antes habían realizado los participantes.
Pero sin lugar a dudas este no era el edificio más bello, ni el más interesante en la historia de la iniciativa. Por ejemplo el antiguo Museo de los niños utilizado en el 2004, anteriormente institución mental a las espaldas del centro de la ciudad en un barrio en transformación, era sin lugar a dudas mucho más meritorio, o la misma antigua lavandería que retomada por artistas de la mano del agente inmobiliario supuso el primer Artomatic y dio nombre al proyecto. Así llegamos al 2007 donde estábamos en dos plantas de un edificio de oficinas del más alto nivel con vistas del Aeropuerto Nacional de Washington buscando inquilinos capaces de pagar el fiero alquiler que una propiedad así requería. El esfuerzo de la organización promotora de Crystal City donde se encontraba el espacio con el apoyo primordial del dueño del inmueble fue la genuina obra de arte que permitió que Artomatic tuviera lugar.
Mientras Vornado Realty Trust ponía dinero en la mesa para apoyar Artomatic y permitía el uso de su edificio con servicio de limpieza incluido, estos trabajadores recibían sueldos menores que sus compañeros al otro lado del río y eran coaccionados para no formar parte de los sindicatos, amenazados con avisos a las autoridades de inmigración, y presionados para no alzar la voz... Vornado es una de las figuras claves del sector inmobiliario estadounidense propietario de este edificio y de la mayoría de los que lo rodean en la zona donde se realizó Artomatic. Vornado por ejemplo fue el que logró el contrato de las Torres Gemelas poco antes del 11 de Septiembre del 2001 para sólo después retirarse cederlo antes del atentado. Aparte de la obvia magnitud de la inversión de esta compañía Vornado mostró que podía contribuir capital para anunciar sus oficinas a través de algo cómo Artomatic pero que carecía de ningún interés de terminar con practicas laborales injustas. Zulma Palacios contaba en El Tiempo Latino que llevaba cinco años trabajando para la misma compañía de limpieza cobrando $7 a la hora frente a los $9.75 a $15 que cobran sus compañeros en edificios del gobierno: "Prácticamente gano lo mismo porque empecé con $6.75 hace cinco años"
La huelga de los trabajadores de limpieza tuvo lugar tras finalizar artomatic pero en esta ocasión ni Vornado, ni el Washington Post, ni ninguno de los otros socios tuvieron el mismo interés en airear un evento sin lugar a dudas mucho más trascendental que Artomatic. Un puñado de publicaciones y en particular los medios en español que sirven a las minorías latinas – principales trabajadores en el sector limpieza – se hicieron eco de la huelga y de la historia que arrastraba. El conflicto continúa en un modélico toma y daca entre sindicatos, empresa, con su ristra de amenazas, boicoteadores, y juicios en camino que de momento sólo perjudican a los trabajadores y la mayor parte de este proceso no transpira a la opinión pública a no ser que se hable con representantes síndicales y trabajadores involucrados en el evento.
Gracias Artomatic
En definitiva la pregunta no es tanto si hay una correlación entre el conformismo de Artomatic y la gestión de Vorneo. La esencia radica en pensar si ha de ser plantearnos ese tipo de relaciones y buscar caminos para su transformación lo que debería ser esencial en un evento de apariencia progresista, de espíritu de autogestión y verborrea creativa, o si por el contrario hemos de ser capaces de aislarnos y hacer el arte más abstracto, el arte que se esconde de su entorno, que miente, que segrega y que olvida.
Artomatic me ha resultado útil más allá de mostrar un proyecto. También he creado algunas conexiones interesantes, con buenas conversaciones, y hasta lo utilicé como escenario para arrancar nuevos proyectos aún en gestión. Pero sobre todo le debo que me haya ayudado a recordar una vez más la repulsa que ha de producirnos la complacencia, en especial la propia. Así me planteo lo conveniente de participar en una próxima edición. Y aunque quizás la respuesta intuitiva tras esta narrativa haya de ser un "no" rotundo, si la obra reprodujera esta denuncia, si pudiera ser un incomodo comentario me pregunto si merecería la pena desafiar a la organización y ver hasta donde se puede expresar la disconformidad. Me pregunto si Artomatic permitirá compartir que la queja interna también es arte, que ese arte pesa y ha de vivir incómodo por necesidad. Pero también esto desata la pregunta más obvia: ¿Por qué preocuparse? ¿Por qué molestarse con Artomatic si los caminos del arte han de ser otros? ¿Por qué rebuscar en su futuro si las iniciativas a seguir apuntan hacia la necesidad de generar conversaciones diferentes?
























Comentarios
En sintonia
Nunca dejará de sorprenderme el modo en el que se dan coincidencias formales ideológicas, formales o de cualquier otro tipo. Leyendo tu txt casi me ha parecido como si estuviese saliendo de mi boca!
Un abrazo
Gracias Richi,
Gracias Ritxi,
Encantado y seguimos en estos diálogos y ojalá también colaboraciones en el futuro.
Un abrazo
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